¿ indignacion ?
Algunos progamas de television, anunciaron esta noticia, como una vergüenza para la dignidad de estos violadores de niños.
¿Como viven los y las niños/as que han sido violados, torturados y asesinados por estos delincuentes?
En el condado de Miami-Dade, bajo el Julia Tuttle, el puente que une Miami Beach con el territorio continental se hacinan en condiciones infrahumanas más de 70 personas en tiendas de campaña y barracones. Todos han cumplido condenas por violar o agredir sexualmente, la mayoría, a menores de edad.
La ley les obliga a permanecer alejados más de 700 metros de cualquier lugar donde pueda haber niños, parques, escuelas, paradas de autobús. Prácticamente toda la ciudad. Por eso han acabado viviendo como verdaderos apestados de la sociedad.
Armando Martínez fue condenado en 1999 por agredir sexualmente a dos menores de edad. Desde entonces su nombre aparece junto con el resto de depredadores y agresores sexuales en una página web del Ministerio de Justicia a la que todo el mundo puede acceder y consultar. "Ponen tu nombre en todos los lados. No te dan trabajo, no te dejan vivir", asegura Armando.
Una vez cumplen su condena, este puente es el único punto geográfico donde pueden establecerse. Según una ley del 2005, los delincuentes sexuales no pueden vivir a menos de 700 metros de cualquier lugar donde se congreguen niños. En su documentación aparece un número, que les identificará como delincuentes sexuales toda la vida.
Respetar las normas
Entre las diez de la noche y las seis de la mañana no pueden salir de aquí. No respetar el toque de queda puede suponerles la vuelta a la cárcel. Además, tres veces al mes tienen que presentarse ante el sheriff. Muchos de ellos llevan dispositivos GPS para estar constantemente localizados.
Héctor fue condenado hace 12 años por enseñar su miembro viril a una mujer. Hoy sigue siendo un proscrito. Su mujer, sus hijos y sus nietos viven a pocos kilómetros, en la ciudad de Miami. Él puede visitarlos durante el día pero antes de las diez de la noche vuelve a su realidad, a su reclusión fuera de la cárcel.




